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A orillas de un parque nacional mexicano, una calera trae polvo, ruido y oponentes

Una cantera de piedra caliza a orillas de un parque nacional mexicano ha creado problemas ambientales y de salud para las personas de la zona. La compañía prometió trasladarse, pero los residentes de los alrededores dicen no ver señales de movimiento.

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At the Edge of a Mexican National Park, A Factory Brings Dust, Noise and Opponents

Adriana Alcázar González, GPJ Mexico

María Alejandra Aldama Pérez, izquierda, Evangelina Maya Ruíz, centro, Claribel Pérez Saldaño, derecha, enfrente, y Laura Santiago Molina, derecha, detrás, en un puente peatonal en Ribera Cahuaré en Chiapas, el estado más meridional de México. Ellas son miembros de Salvemos al Cañón del Sumidero, el cual dicen está dañado por explosiones en Cales y Morteros del Grijalva, una cantera de piedra caliza, que se ve al fondo.

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CHIAPA DE CORZO, MEXICO — El reloj marca las dos de la mañana y un fuerte aroma a combustible quemado se propaga por la casa. El aroma despierta a Claribel Pérez Anaya,  quien rápidamente se incorpora para cerrar la ventana de la habitación que por error dejó abierta. Pérez Anaya, su esposo y sus tres niños estornudan y tosen.

La escena se repite a diario, dice Pérez Anaya, quien ha vivido con este problema toda su vida.

Ahora sus hijas están aprendiendo a vivir con él también. Cuando Pérez Anaya trajo a su hija a casa por primera vez siete años atrás, la bebé comenzó a estornudar.

“El médico me dijo que yo me fuera a vivir a otro lado si quería que mi hija sanara, que era el polvo de la calera lo que le hacía daño”.

La ciudad de Chiapa de Corzo colinda con el lado sur   del Parque Nacional Cañón del Sumidero. Y enclavado justo en el límite del parque, y a 150 metros de la casa de Pérez Anaya, están los hornos de Cales y Morteros del Grijalva, S. A de C.V., una fábrica que pulveriza rocas a altas temperaturas para convertirlas en cal.

El médico me dijo que yo me fuera a vivir a otro lado si quería que mi hija sanara, que era el polvo de la calera lo que le hacía daño.

Hay desacuerdo sobre si la calera se encuentra dentro o fuera de los límites del parque, y si sus actividades de excavación de piedra caliza están bajo el código regulador para la minería en México, una complicación que tiene a reguladores del parque que administra el gobierno federal y a reguladores del terreno estatal pasándose la responsabilidad de unos a otros.

Durante años, la gente de Chiapa de Corzo ha enfrentado problemas con polvo, grietas en sus hogares y grietas en las paredes del cañón cercano, que son atribuidas por algunos a las explosiones reverberantes de la calera. La esperanza llegó en mayo 2016, cuando la empresa acordó mudarse a otro lugar en el estado de Chiapas, según representantes de Salvemos al Cañón del Sumidero, un grupo de conservación que se preocupa por los daños ambientales y de salud potencialmente causados por la calera.

Pero los funcionarios de la empresa dicen que ellos evitan hacer una promesa falsa sobre el plazo de traslado.

Global Press Journal hizo varios esfuerzos durante tres meses para ponerse en contacto con funcionarios de Cales y Morteros del Grijalva. A finales de enero, Vicente Medina, gerente de Cales y Morteros del Grijalva, accedió a una breve entrevista en la cual dijo que la empresa estaba en proceso de traslado, un cambio que él subrayó requiere tiempo.

Mientras tanto, a pesar de los estudios que demuestran el impacto negativo sobre el medio ambiente y comunidades cercanas, y aunque la empresa ha sido multada por exceder los límites de ruido, entre otros casos de violación de códigos ambientales, los funcionarios de Cales Morteros del Grijalva dicen que las quejas de la comunidad son infundadas.

Cales y Morteros del Grijalva ha extraído y pulverizado piedra desde 1965, siete años antes de que el estado de Chiapas designara el Cañón de Sumidero como parque, y 15 años antes de que recibiera la designación de Área Nacional Protegida.

Décadas más tarde, las personas de la zona decidieron que estaban hartas de la calera. En el 2002, formaron Salvemos al Cañón del Sumidero para tomar medidas con respecto a la biodiversidad dañada en el área.

“Incluso nos vimos obligadas a usar una computadora. ¡Somos amas de casa!” dice Laura Santiago Molina, 49.

Hubo un cambio, pero no para mejorar. Ese año, la actividad de extracción de la empresa aumentó de tres explosiones por semana a casi tres por día, dice María Alejandra Aldama Pérez, residente y miembro de Salvemos al Cañón del Sumidero.

“Rápidamente vimos las consecuencias de las explosiones diarias”, dice. “Nuestras casas empezaron a tener cuarteaduras. Empezaron a ser peligrosas para nuestras familias. Habían grietas tan grandes que podíamos ver a través de ellas”.

Medina cuestiona esa declaración, y dice que la gente exagera tanto el número de explosiones como los daños que éstas pudieron haber causado.

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Adriana Alcázar González, GPJ Mexico

La gente que vive cerca de Cales y Morteros del Grijalva, una cantera de piedra caliza, que se muestra aquí, dice que las actividades de la empresa han causado problemas de salud.

Se han realizado estudios multiples para determiner el impacto de la calera en las comunidades cercanas, pero no ha habido consenso sobre si las acciones resultaron en los daños, según un reporte en 2015 de la Comisión de Cooperación Ambiental, el brazo colaborativo de México, Canadá y los Estados Unidos creado por el Acuerdo de Cooperación Ambiental de América del Norte.

Varios estudios llevados a cabo a través de una década concluyen que parte de los daños a hogares y al cañón probablemente se deben a la actividad sísmica. Algunos de los informes señalan que los edificios de la zona fueron construidos con materiales de baja calidad.

La gente cuestiona esas conclusiones.

Aldama Pérez dice que las explosiones causaron daños serios a una escuela, y algunos salones se tuvieron que derribar y volver a construir.

“Pero ellos solo respondieron que era nuestra responsabilidad por construir nuestras casas con materiales de mala calidad”, dice.

Otros estudios han sugerido que la calera no sólo está dañando casas, sino que también está dañando el cañón.

Mientras tanto, los expertos notaron que la pared del cañón que colinda con el Río Grijalva ya se estaba adelgazando. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, CONANP, hizo un estudio con el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ese estudio concluyó que la actividad de la empresa podía dañar el cañón, dice  Pedro Hernández Martínez, biólogo encargado de la subdirección del Parque Nacional Cañón del Sumidero.

Rápidamente vimos las consecuencias de las explosiones diarias”. “Nuestras casas empezaron a tener cuarteaduras. Empezaron a ser peligrosas para nuestras familias. Habían grietas tan grandes que podíamos ver a través de ellas.

Cales y Morteros del Grijalva dejó de hacer detonaciones en su calera de Chiapa de Corzo en el 2014, después de una decisión de la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural (SEMAHN), para impedir que la empresa extraiga la piedra en la zona debido a las preocupaciones con respecto a daños sobre el medio ambiente. A partir de entonces, la empresa debía utilizar la piedra traída de otra parte, según Carlos Orsoe Morales Vázquez, secretario.

Pero a pesar de que ya no hay explosiones, la lluvia de polvo de cal que se asienta en las grietas causadas por las detonaciones es un grave problema de salud, según los residentes.

Según el informe de la Comisión para la Cooperación Ambiental de 2015, varios estudios determinaron que la calera es responsable de contaminar el aire y causar “daños a la salud humana y afectación de la vegetación.” El reporte señala que hay quejas sobre polvo de cal, que junto con las vibraciones y ruido de la calera, han causado problemas respiratorios y de la piel, trastornos del sueño y angustia.

Aldama Pérez duda realmente que la empresa salga de Chiapa de Corzo en un futuro cercano. Ha habido poco movimiento que indique una seria consideración sobre ello,  dice.

Sin embargo, los residentes están decididos a obligar a la empresa a salirse.

Francisco Pérez Pérez dice que su esposa ha sufrido rinitis alérgica desde su niñez. Para que se recupere algún día, un médico le dijo, deberían mudarse de la zona.

“Nosotros no nos vamos a ir, es la empresa la que debe de irse. Nuestras familias son originarias de esta zona, mis abuelos, mis padres, mis hijos, toda mi familia vive acá, yo no tengo porque irme, nosotros lucharemos porque sea la empresa la que se vaya”, dice.

Lourdes Medrano, GPJ, adaptó este artículo de su versión en inglés.

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