Mexico

Las mujeres del campo afrontan nuevos obstáculos debido al alza en los precios de los burros

La demanda internacional de pieles de burro, que se utilizan en numerosos remedios, ha provocado su fuerte declive en las comunidades agrícolas, donde los animales alguna vez fueron omnipresentes.

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Rural Women Bear New Burdens as Donkey Prices Skyrocket

Ena Aguilar Peláez, GPJ México

Primitivo Sánchez, con sudadera azul, lleva sus siete burros a recoger leña, que vende a habitantes de Santa Ana del Valle, en el estado de Oaxaca, México.

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SANTA ANA DEL RÍO, MÉXICO — En el pueblo de Santa Ana del Río, a más de mil metros de altitud, en el estado meridional de Oaxaca, el esposo y la familia política de Paula Pérez se ganan la vida vendiendo maguey, el tipo de agave que se usa para hacer el mezcal.

Usan un burro para bajar el maguey y la leña desde los cerros repletos de agave. Hace poco, Pérez, de 27 años, decidió que necesitaban otro burro. “Con un burro no podemos bajar los suficientes magueyes que usamos para el mezcal por semana”, explica.

Solo había un problema: un burro cuesta 12,000 pesos mexicanos ($603).

Pérez estaba asombrada. Ocho años antes, su cuñado había comprado uno por 500 pesos ($25). Pero desde entonces, el valor comercial de estos animales se ha elevado, a la par de la popularidad de una medicina china cuyo ingrediente básico es la gelatina de piel de burro.

Debido al interés recientemente descubierto en el extranjero por la piel del burro, hay escasez local, y las personas mexicanas del campo han visto transformadas sus vidas, ya que ahora trabajan más y ganan menos. Las mujeres de pueblos y ciudades pequeñas han cargado con la peor parte de este cambio.

“En muchas comunidades los burros son los que apoyan a las mujeres en las labores. En la medida que estos animales ayudan en estas labores, pues ayudan a reducir la vulnerabilidad en las mujeres”, dice Mariano Hernández, un veterinario que dirige el departamento de medicina, cirugía y zootecnia equina en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Es difícil expresar todo el trabajo que hacen los burros. En las zonas rurales, donde vive el 21% de la población mexicana, los animales transportan, entre otras cosas, agua, cultivos, leña, forraje, miel, prendas de vestir, mercancía y maguey.

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Aline Súarez del Real, GPJ México

Seguido por las ovejas, un burro sube una montaña en el pueblo de Juchitepec de Mariano Riva Palacio en el Estado de México.

Hasta 2018, el país albergaba la población de burros más grande del continente americano, la mayoría de ellos en los estados de Oaxaca, Hidalgo, Estado de México, Guerrero y Puebla. El último censo de agricultura, ganadería y silvicultura de México, en 2007, registro 581,401 burros.

En efecto, esta cantidad ha disminuido en los últimos años, señala Hernández. Como parte de un programa universitario, el veterinario solía visitar las comunidades rurales de México para ayudar a supervisar la salud de los burros. Algunos lugares albergaron alguna vez a cientos o incluso miles de burros, dice, “y luego solo quedaban cuatro”.

Cuando Hernández preguntaba qué estaba pasando, “nos contestaban que habían llegado a comprarlos, ya que se están llevando su piel a China”.

La piel de un burro puede producir hasta 2.5 kilos de gelatina, la que se conoce como “ejiao”, el elemento clave de remedios que supuestamente sirven para curar la anemia, el insomnio, las náuseas, el sangrado menstrual irregular y el daño pulmonar. Algunos sitios web chinos afirman que regenera la sangre y ayuda a detener el envejecimiento.

Los productos que contienen ejiao se venden en sitios como Amazon, Etsy y Health Wisdom, y las búsquedas de ejiao en Google son tendencia mundial, con las cifras más altas provenientes de Indonesia.

Emiliano Muñoz vive en San Pedro Taviche, un municipio de Oaxaca. Antes tenía un burro, pero murió de viejo. Ahora, cada dos semanas, carga 30 kilos de madera de copal en la espalda.

“Desde que subió el precio de los burros, no he podido comprar otro”, explica Muñoz, un artesano que usa la madera para elaborar alebrijes.

"En muchas comunidades los burros son los que apoyan a las mujeres en las labores. En la medida que estos animales ayudan en estas labores, pues ayudan a reducir la vulnerabilidad en las mujeres”.

Por otro lado, Rogaciano García, que vive en Juchitepec de Mariano Riva Palacio, un poblado del Estado de México, tiene cuatro burros y los utiliza para el pastoreo. No piensa venderlos, aunque le han ofrecido comprárselos.

“Me han ofrecido hasta 5,000 pesos por el burrito más joven que tenga”, cuenta.

La creciente escasez de burros ha transformado las actividades rurales, sobre todo para las mujeres, dice la socióloga Miriam Méndez, que vive en Oaxaca. En regiones donde muchos hombres migran a Estados Unidos, las mujeres se quedan a cargo del trabajo doméstico y del campo. “Los burros se convierten en la mano derecha de las mujeres en sus tareas”, señala Méndez.

Lourdes Miguel, quien también vive en San Pedro Taviche, explica que la pandemia del coronavirus obligó a su esposo a vender su burro en septiembre pasado por 6,000 pesos ($300).

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Pero ahora está pagando el precio, ya que el trabajo del burro le toca a ella. Para ganar dinero, su esposo se mudó al norte de México para trabajar en los cultivos de arándanos. Eso tiene como resultado que Miguel tenga que cargar leña y forraje de tres a cuatro veces por semana porque no puede cargar tanto a la vez. El burro hacía el viaje una vez a la semana.

“Ahora que no lo tenemos, ya no tengo con qué ayudarme a traer forraje y leña. Si lo necesito mucho, pago 100 pesos al día para que me presten un burro”, dice Miguel.

Mientras tanto, Pérez dice que no se había dado cuenta de lo importante que era un burro hasta que se mudó al pueblo montañoso de su esposo.

Alegre y dinámica, Pérez vive en una casa con piso de cemento rodeada de plantas y de árboles. Su hija, su esposo y su suegro viven con ella, y otras personas de la familia viven cerca.

Ella se las arregla para ahorrar dinero de la venta de atole de maíz, de donde obtiene 50 pesos ($2.50) al día. También comenzó a criar gallinas y a vender huevos, pero aun así no le alcanza el dinero.

Otro burro no solo ayudaría a su esposo; también la ayudaría a cargar los tres litros de atole que lleva a casa de su vecina todas las mañanas para vender.

“No sabía cómo usar los burros, pero al ir aprendiendo me di cuenta de lo necesarios que son para las tareas de casa. Si no tengo burro, la que carga soy yo”, explica Pérez.

Aline Suárez del Real es una reportera de Global Press Journal que se encuentra en Tecámac, Estado de México. Estudió en la Universidad Tecnológica de México.

Ena Aguilar Peláez es una reportera de Global Press Journal con base en el estado de Oaxaca. Nació en la Ciudad de México.


NOTA SOBRE LA TRADUCCIÓN

Aída Carrazco, GPJ, adaptó este artículo de su versión en inglés.