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‘Mejor me muero que regresar allá’

Mujeres haitianas emprenden viajes angustiosos para encontrar una vida mejor en el extranjero. A su llegada, muchas se enfrentan a demoras burocráticas y a la posibilidad de ser enviadas de regreso al país del que huyeron.

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‘I’d Rather Die Than Go Back’

Marissa Revilla, GPJ México

Fernanda, quien nació en Haití, y su hija de 2 años, viven en una casa con más de 20 personas en Tapachula, México.

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TAPACHULA, MÉXICO — Fernanda está sentada en una banca mientras su hija juega a su alrededor. Viven en un cuarto rentado en Tapachula, en el estado de Chiapas, México, donde comparten casa con más de 20 personas. La mayoría, como Fernanda, son originarias de Haití. “El fin del mundo empieza allá, en Haití”, dice.

Cuando salió de Haití en 2007, Fernanda era una estudiante. Viajó a la República Dominicana, y luego a Chile, donde no pudo encontrar trabajo. Después se mudó a México.

Es una de las casi 52 000 personas migrantes de Haití que huyeron del país y solicitaron la condición de refugiadas en México el año pasado, un aumento de casi un 800% al compararse con 2020. El país siempre se ha considerado como país de origen, tránsito y destino de personas que tienen la esperanza de llegar a Estados Unidos. Fernanda solo sueña con obtener los papeles que necesita para conseguir trabajo en México y mantener a su hija. No tiene planes de regresar a Haití, un país que dice es demasiado peligroso.

“Mejor me muero que regresar allá. No tengo familia, no tengo casa, no tengo nada. Allá no hay trabajo, no hay educación, allá lo único que ves es un niño de 10 años con pistola en la mano. Hay familias que mandan a secuestrar a su propia familia”, expresa Fernanda, quien, al igual que otras mujeres entrevistadas, no quiso que se usara su apellido por temor a represalias.

Fernanda se quedó en Tapachula para estar cerca del consulado haitiano y de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). En esta ciudad del sureste del país, muchas personas migrantes esperan sus documentos de refugio o de asilo que les permitan trabajar o seguir en su viaje.

“No tengo una familia que me pueda mandar dinero para pagar una casa, para comprar comida; yo tengo que trabajar. La única familia que yo tengo es la niña, por eso llegué aquí a México, para buscarle una vida mejor”, dice Fernanda, madre soltera cuya madre murió en el terremoto de Haití en 2010. Actualmente espera sus documentos para poder trabajar.

Fernanda necesita la condición de refugiada antes de poder mudarse a la Ciudad de México, donde cree que tendrá más oportunidades de encontrar trabajo. Pero por ahora, ella y su hija tienen que depender de la generosidad de otras personas para recibir comida y cubrir sus gastos.

Fernanda llegó a Tapachula en agosto, pero aún no recibe una respuesta a su petición de refugio, un proceso que debería tardar 55 días. Andrés Alfonso Ramírez Silva, coordinador general de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), señala que la cantidad de personas que pidieron la condición de refugiadas en 2021 ha sido la más alta de la historia, y que quienes provienen de Haití conforman la proporción más grande de solicitantes. A pesar del aumento de personal y de establecer procedimientos para acortar el proceso, el personal no se da abasto con el incremento de las solicitudes, destaca.

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Gráfico por Matt Haney, GPJ

Fernanda pasó por muchos países para llegar a México. Viajó por Chile, Perú, Ecuador, Colombia, y después atravesó Panamá por el Tapón del Darién, una extensión de selva y la única vía terrestre entre Centroamérica y América del Sur.

“Es lo más duro que he vivido en mi vida porque esa selva, para cruzarla, solo Dios te puede sacar. Violan a niñas, te asaltan y te quitan toda la comida, el dinero. Yo duré cinco días caminando sin comer nada, ni agua”, señala Fernanda.

Entre enero y octubre de 2021, aproximadamente 100 000 personas migrantes cruzaron el Tapón del Darién. Alrededor del 62% son originarias de Haití. La densa selva y el terreno montañoso hacen del área un paraíso para las bandas criminales, y uno de los caminos más peligrosos del mundo. Las mujeres, los niños y las niñas son más vulnerables.

“Es muy distinto viajar como mujer que como hombre, en particular si se viaja con hijas, hijos. El tránsito en general siempre es muy violento, hay índices mucho más altos de violencia sexual hacia las mujeres que migran”, explica Karla Jiménez Montoya, de CoLibres, colectiva de mujeres que luchan por los derechos de movilidad de las mujeres y familias migrantes, con sede en Chiapas.

Muchas son obligadas a regresar. Claire abandonó Haití hace cuatro años y logró llegar a Estados Unidos, pero las autoridades la deportaron. Ahora, está de vuelta en Haití.

“Tuve que prostituirme para poder pagar los numerosos transportes [para llegar a EE. UU.], porque me robaban el dinero. He vivido lo que no me gustaría que ninguna mujer haitiana viviera”, dice Claire.

Entre el 19 de septiembre de 2021 y el 7 de enero de 2022, cerca de 13 700 personas migrantes haitianas fueron deportadas a Haití desde EE. UU., y ahora encuentran a su país todavía menos habitable que cuando se fueron.

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Gráfico por Matt Haney, GPJ

La situación política de Haití ha sido una de constante crisis: el asesinato del presidente en funciones, los desastres naturales, el estallido de la violencia pandillera, y una tasa de desempleo del 14.5% en 2020, cifra que aumenta para las mujeres con 16.25%, según datos del Banco Mundial.

La violencia de las pandillas ha desplazado a cerca de 19 000 personas desde marzo de 2020. Entre el 1 de enero y el 16 de octubre de 2021, hubo 782 secuestros, comparados con 796 en todo el 2020.

El Servicio Jesuita a Refugiados en Tapachula ofrece servicios jurídicos, de salud mental, y de promoción para garantizar que las personas migrantes conozcan los procedimientos para obtener los documentos apropiados. Su directora, Karen Vanessa Pérez Martínez, dice que las mujeres haitianas están haciendo todo lo posible para sobrevivir.

“Es bastante caótico para las mujeres haitianas por todo lo que tienen que atravesar, por la xenofobia que hay. Son mujeres muy trabajadoras que llegaron a Tapachula y están vendiendo aguas, empanadas, ropa y buscan las maneras de ir subsistiendo”, cuenta Pérez Martínez.

Pierre-Marc René, vocero de ACNUR en México, reconoce que las personas migrantes haitianas no deberían regresar a Haití debido a la situación política, y recalca la necesidad inminente de una “alternativa migratoria”.

El organismo piensa ampliar sus proyectos de integración local para ayudar a que más personas refugiadas consigan trabajo, con el objetivo de obtener la nacionalidad y un hogar propio en los siguientes cuatro años. Establecido en 2016, a la fecha el programa ha ayudado a que 6000 personas refugiadas en México se reubiquen en zonas con mayor demanda laboral, y a que tengan más acceso a vivienda, atención médica y educación.

El personal anticipa un “año complicado” con el aumento de las personas migrantes, sobre todo familias y madres solteras que huyen de la violencia doméstica, escenario que, dice René, ha empeorado a causa de la pandemia.

El consulado de Haití en Tapachula no respondió a las continuas peticiones de comentarios sobre sus acciones para ayudar a las personas migrantes haitianas que están en esa zona.

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Marissa Revilla, GPJ México

La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados tramita solicitudes en el Estadio Olímpico de Tapachula.

Jeanne, de 31 años, quien se fue de Haití hace siete años, tuvo que vender todo lo que tenía para huir. “Nunca pensé que viajaría a nueve países. Tres meses de viaje que quedarán grabados en mi memoria. Un viaje difícil; vimos cadáveres, cruzamos el Darién, casi morimos y todo para nada”, explica.

Jeanne logró llegar a Estados Unidos, pero las autoridades la deportaron a Haití.

“No sé qué me espera aquí, qué voy a hacer; las cosas no eran tan degradantes”, finaliza.

Anne Myriam Bolivar, GPJ, contribuyó a este artículo desde Puerto Príncipe, Haití.

Marissa Revilla es una reportera de Global Press Journal que vive en San Cristóbal de Las Casas, México.

Anne Myriam Bolivar es reportera de Global Press Journal, establecida en Haití.


NOTA SOBRE LA TRADUCCIÓN

Aída Carrazco, GPJ, adaptó este artículo de su versión en inglés.

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