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Ciudadanos protegen tierras de cultivo mientras la urbanización de Ciudad de México se expande

En las últimas dos décadas, el rápido crecimiento de Ciudad de México ha dado lugar a varios asentamientos ilegales que invaden áreas naturales protegidas y que llevan desperdicios y problemas ambientales a tierras que tradicionalmente han sido de cultivo. En San Pedro Tláhuac un grupo de ciudadanos toma turnos para supervisar y proteger sus tierras de la expansión de la megaciudad.

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Citizens Take Action to Protect Farmland as Mexico City’s Urbanization Spreads

Mayela Sánchez, GPJ Mexico

Florentino Bermejo Castillo, de 69 años, es un miembro de Grupo de Vigilancia Tlalli Septiembre Negro, una organización que patrulla los suelos de conservación en San Pedro Tláhuac, un área de Ciudad de México. Ahora, cada uno de los 15 miembros del grupo reciben un pago por su trabajo, que incluye monitorear construcciones ilegales, limpiar la basura y otras tareas.

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CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO — La parcela de Isabel Gaspar está en un área natural protegida pero, al acercarse en su Volkswagen CrossFox, varios montículos de tierra y de piedras bloquean su camino. Gaspar detiene su vehículo y sigue a pie, brincando de montículo a montículo.

Los montículos, dice, serán usados para rellenar el terreno sobre el cual se construirán casas ilegalmente en el área de conservación.

La parcela de 7500 metros cuadrados (o 80.729 pies cuadrados) de Gaspar en el área de San Pedro Tláhuac, en el sureste de la Ciudad de México, fue alguna vez parte de una amplia área de terrenos cultivables, pero ahora está siendo cercada por asentamientos ilegales, incluyendo caminos de tierra, canchas de fútbol y otros signos de vida en comunidad.

“Se siente impotencia y tristeza a la vez porque no se hace conciencia (a) las generaciones futuras, porque nada más pensamos en urbanizar”, dice Gaspar. “Pero ¿de dónde se va a tener el alimento?”.

Cerca del 60 por ciento de las 148.179 hectáreas (366.158 acres) de la Ciudad de México están registradas como suelo de conservación, según datos del gobierno local.

No es solo aquí que han aparecido asentamientos ilegales. Estos asentamientos ahora cubren 2,679 hectáreas (o 6842 acres), el 1,8 por ciento de la tierra de Ciudad de México, y cuentan con aproximadamente 50.000 casas.

Los asentamientos ilegales han crecido constantemente en las últimas dos décadas, especialmente entre 1994 y 2003. (Lea nuestra historia sobre asentamientos ilegales aquí.)

Cuando los agricultores y otros propietarios vieron que esos asentamientos estaban invadiendo el área de San Pedro Tláhuac hace unos ocho años, formaron un grupo para proteger la tierra. En 2010, el grupo se registró oficialmente con el nombre Grupo de Vigilancia Tlalli Septiembre Negro. “Tlalli” es una palabra en náhuatl que quiere decir “tierra”. La parte de “Septiembre Negro” del nombre fue adoptada en memoria del hijo de un propietario, a quien invasores intentaron despojar de su tierra en septiembre de 2009. Cuatro días después, el hijo fue baleado.

El propósito principal del grupo es vigilar 80 hectáreas (o 198 acres) de un área conocida como Ciénega, donde únicamente la producción agroindustrial rural está permitida, según el Programa Delegacional de Desarrollo Urbano de Tláhuac. Pero sus miembros también limpian la basura y promueven el orden en general.

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Mayela Sánchez, GPJ Mexico

Miembros del Grupo de Vigilancia Tlalli Septiembre Negro mantienen el área natural protegida en San Pedro Tláhuac en Ciudad de México. Aquí, Rafael Martínez trabaja el turno de la mañana en el que busca asentamientos ilegales y también limpia la basura y las plantas invasoras de los canales del área.

Al principio, todo el trabajo del grupo era realizado por voluntarios, dice Florentino Bermejo Castillo, de 69 años. Bermejo Castillo ha sido miembro del grupo por tres años.

Ahora, cada uno de los 15 miembros del grupo recibe un estipendio mensual de 2,610 pesos (139,75 dólares) que viene de la Comisión de Recursos Naturales, la oficina de la Secretaría de Ambiente local encargada de ejecutar programas para la protección, restauración y conservación de áreas naturales protegidas.

Los miembros del grupo se organizan en tres turnos de cinco personas cada uno: por las mañanas, por las tardes y durante los fines de semana. Los integrantes del grupo hacen rondas por el área resguardada y reportan si ven a personas tirando materiales de construcción o desperdicios, o robando peces de los canales o cosechas de los campos. También limpian malezas y lirios acuáticos, conocidos también como “huachinangos”, de los canales, pues estas plantas pueden evitar que el agua se oxigene cuando cubren su superficie.

Cerca del 60 por ciento de las 148.179 hectáreas (366.158 acres) de la Ciudad de México están registradas como suelo de conservación, según datos del gobierno local. La mayoría del suelo de conservación está al sur y sureste de la ciudad, en las mismas áreas en las que los asentamientos ilegales se han expandido rápidamente. Como resultado, se han sobreexplotado los mantos acuíferos y ha habido una pérdida de la biodiversidad. La erosión, la deforestación y la contaminación del suelo son problemas comunes ahora.

En Tláhuac, en particular, los asentamientos han traído vertederos de basura clandestinos y otros desechos, poniendo en peligro el área donde al abuelo paterno de Gaspar cultivaba maíz.

El padre de Gaspar mantuvo los campos de maíz, aunque ya no eran la única fuente de ingresos de la familia. Gaspar es dentista, pero se encargó de la parcela tras la muerte de su padre hace seis años. Gaspar y uno de sus hermanos vieron el valor de mantener la producción de la tierra y construir sobre lo que sus ancestros habían creado.

“Son tierras que a ellos les costó trabajo obtenerlas, seguirlas conservando y eso. Entonces siento que es un aprecio a la tierra que se le tiene”, dice Gaspar.

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Mayela Sánchez, GPJ Mexico

Concepción Vital, quien fue presidenta del Grupo de Vigilancia Tlalli Septiembre Negro hasta marzo de 2017, dice que aprendió a cuidar las tierras de cultivo de niña, cuando su padre la llevaba junto a sus hermanas a la parcela familiar cada día.

Como en la mayoría de situaciones que involucran a personas que necesitan vivienda, el problema no es siempre culpa de las personas que están invadiendo suelos de conservación.

Iris Moreno de la Rosa, de 37 años, dice que no sabía que su parcela de 120 metros cuadrados (1292 pies cuadrados), por la que pagó 110.000 pesos (unos 5,900 dólares) hace una década, está en un suelo de conservación.

Moreno de la Rosa dice que ella fue una de las primeras habitantes de la zona. En ese entonces, dice, el suelo era verde y fangoso. Poco a poco, más gente llegó, cada una con cajas de cartón llenas de sus pertenencias.

Moreno de la Rosa vive con su hija, su yerno y dos pequeños nietos. La familia preferiría vivir más cerca del centro de la ciudad, pero es demasiado caro vivir allí.

El aislamiento del área fue reducido en 2012, cuando se construyó una línea de metro conectando a Tláhuac con el punto más al suroeste de la ciudad. Esta conexión atrajo a más personas.

Pero incluso cuando otras personas estaban llegando, algunas se estaban yendo. La mayoría de los propietarios son ancianos y las personas que heredan las parcelas no saben cómo mantenerlas, dice Isidra Martínez, otra miembro del grupo de seguridad.

A veces las tierras de cultivo terminan siendo abandonadas, convirtiéndolas en presa fácil para quienes se asientan ilegalmente.

Gaspar no tiene hijos, pero dice que les está inculcando el amor a la tierra a sus sobrinos.

Al mismo tiempo, no es optimista sobre el futuro de su parcela. Cree que se perderá entre la creciente urbanización.

“Sí voy a sentir feo, porque de aquí sacamos por lo menos para comer un elote”, dice. “Pues ya nada más nos quedará el recuerdo de que lo hicimos, lo comimos, lo probamos y nada más, porque así como vemos la situación ya no falta mucho para que se pierda todo esto”.

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Mayela Sánchez, GPJ Mexico

Magdaleno Torres y Benigno Vázquez limpian lirios acuáticos de un canal cerca al área de Ciénega.

 

Pablo Medina Uribe, GPJ, adaptó esta historia de su versión en inglés.

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