Keeping Women Healthy: Challenges, Solutions and Innovations Around the World
Mexico

Juntas y empoderadas, trabajadoras sexuales en México defienden su derecho a la salud

Se unieron para frenar detenciones arbitrarias y terminaron creando una entidad que les permitió derrotar la discriminación y recuperar su bienestar.

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United and Empowered, Sex Workers in Mexico Defend Their Right to Health Care

Samantha Páez, GPJ México

D., una trabajadora sexual, en el Hotel México, donde recibe servicios de salud gratuitos promovidos por la organización Chicas de la 14.

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PUEBLA, MÉXICO — En el interior de un céntrico edificio de paredes marrones, donde carteles recuerdan a la gente que practique la distancia social, Mariela González recibe a las pacientes sentada frente a una mesa de plástico blanca: “¿Vas a consulta o a recibir resultados de estudios?”. Una mujer llamada Nahomi le responde: “Vengo a consulta”. Recibe su turno. Hay dos mujeres antes que ella esperando a las doctoras.

Pero Nahomi no está en una clínica u hospital, sino en el Hotel México. Allí, ella y otras trabajadoras sexuales atienden a sus clientes. También funcionan las oficinas de Chicas de la 14, una asociación civil presidida por González que agrupa a más de 60 trabajadoras sexuales del Centro Histórico de la ciudad de Puebla. Nahomi es una de ellas y, al igual que otras de sus compañeras entrevistadas para este artículo, pidió proteger su identidad por temor al estigma.

Según datos proveídos por González, muchas de las más de 1,000 trabajadoras sexuales del Centro Histórico no acudían a recibir servicios de salud básicos por miedo a ser discriminadas o a sufrir estigma social. Sin embargo, desde mediados de 2022 comenzaron a ser atendidas cada mes y de forma gratuita por el Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia (SMDIF), que promueve el desarrollo pleno de las personas, la familia y la comunidad en el Hotel México.

González gestionó que los servicios de salud se brindasen en el hotel para que las trabajadoras sexuales se sintieran más seguras, y se les diera un servicio respetuoso y personalizado en un ambiente de confianza donde no fueran discriminadas. “Nos explican todo muy bien. Si nos tienen que dar un medicamento o vitaminas nos las dan junto con las indicaciones”, dice Nahomi.

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Samantha Páez, GPJ México

Mariela González, fundadora de la organización Chicas de la 14, posa para un retrato en la ciudad de Puebla.

Desde 2008, el Código Reglamentario para el Municipio de Puebla, que regula procedimientos, funciones y servicios públicos, considera al trabajo sexual una conducta infractora. El estigma y estas regulaciones generaron situaciones de violencia en contra de estas mujeres. González y otra trabajadora sexual dicen que por años hubo operativos arbitrarios de las autoridades municipales en el centro de la ciudad en contra de ellas. González recuerda uno en particular de 2014: “Nos cerraron las dos entradas de las calles, como animalitos”.

González asegura que sus compañeras fueron detenidas y trasladadas en patrullas de la policía municipal aunque se hallaban caminando en la vía pública, comiendo o dentro de locales sin ejercer la prostitución. Global Press Journal se comunicó con las autoridades locales para solicitar un comentario al respecto, pero no obtuvo respuesta.

En ese contexto, las trabajadoras sexuales comenzaron a organizarse. “Empezamos a buscar cómo protegernos de esta situación”, explica González. Se acercaron al Observatorio Ciudadano de Derechos Sexuales y Reproductivos (Odesyr), una asociación civil dedicada a incidir “a favor de los derechos de las mujeres, los sexuales y reproductivos y la salud”, para que las asesorara sobre la protección de sus derechos. El Odesyr también sostiene que las detenciones arbitrarias ocurrieron.

En 2021, al conocer que los operativos contra las trabajadoras sexuales continuaban, la organización no gubernamental Unión Internacional De Defensores De Derechos Humanos Independientes les ofreció asesoría. Así surgió la idea de crear una asociación civil de trabajadoras sexuales, con miras a defender y acceder a varios derechos humanos, entre ellos, la salud.

Para cuando Chicas de la 14 logró su registro ante las autoridades de Puebla en enero de este año, la asociación tenía al menos un año y medio haciendo gestiones para que las trabajadoras sexuales del centro de la ciudad tuvieran servicios de salud gratuitos y en su lugar de trabajo.

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Samantha Páez, GPJ México

El Hotel México, donde funcionan las oficinas de Chicas de la 14 y las trabajadoras sexuales reciben servicios de salud por parte del personal del Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia.

A mediados de 2022, González había mandado un oficio al SMDIF para que personal médico acudiera al Hotel México a atender a sus compañeras. El SMDIF accedió como parte del Programa Contigo Mujer contra la Violencia que se encarga de atender necesidades de mujeres y niñas de forma multidisciplinaria. Desde entonces, cada mes les brindan consultas médicas y análisis clínicos gratis en el lugar.

Pero no son los únicos servicios de salud que reciben. Las trabajadoras sexuales pueden acceder a mastografías, papanicoláu y ultrasonidos. Para eso, el hotel se cierra para ellas. González coordina con el SMDIF y llenan el edificio con equipo y personal médico. Desde 2022, “hemos hecho alrededor de 10 jornadas al interior del hotel. Allí, también les entregan sus resultados y las consultan”, dice González.

En diciembre de 2023, realizaron la primera jornada de salud abierta a toda la comunidad. Instalaron unidades móviles, similares a las ambulancias, cerca del hotel para visibilizar que los servicios estaban disponibles: detección de diabetes, hipertensión arterial, pruebas de antígeno prostático y laboratorio de análisis clínicos, entre otros.

Antes de contar con acceso a este programa de salud, a las trabajadoras sexuales les tocaba acudir a servicios médicos privados y realizar sus análisis de detección de enfermedades de transmisión sexual cada seis meses en el Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS), una entidad de salud pública.

Pero la experiencia allí no era la esperada, dice una trabajadora sexual con 20 años de experiencia. Añade que en el CAPASITS de Puebla es común que el personal médico las discrimine y no las trate con respeto.

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Samantha Páez, GPJ México

Mariana Marín, izquierda, y Brahim Zamora, integrantes del Odesyr, durante una sesión de trabajo. En 2014, Odesyr informó sobre la estigmatización del trabajo sexual en Puebla, que continúa 10 años después.

Global Press Journal se comunicó con el CAPASITS en Puebla para solicitar una entrevista y sus autoridades remitieron a la Secretaría de Salud de Puebla, que supervisa el centro. La secretaría no respondió a reiteradas solicitudes de entrevista.

Onán Vásquez, de la organización No Dejarse es Incluirse, conocida también como Vida Plena Puebla, que se dedica a la promoción y defensa de los derechos humanos de las poblaciones LGBTI y con VIH, asegura que la atención en servicios de salud públicos, como en el CAPASITS, no es oportuna por los prejuicios contra las mujeres trans y las trabajadoras sexuales. “Combatir los prejuicios y los estigmas sí salva vidas, pero lamentablemente en una sociedad machista como la nuestra van a permanecer”, dice Vásquez.

En contraste, las afiliadas a Chicas de la 14 reciben una atención digna. Una trabajadora sexual que vive en la periferia de Puebla es usuaria de los servicios de salud. El año pasado tuvo reflujo por gastritis y el personal del SMDIF que acudió al hotel le dio el tratamiento que necesitaba. “Es gente muy amable”, dice.

Esta trabajadora sexual también tomó terapia psicológica que le permitió superar una ruptura amorosa después de 16 años de relación. “A muchos hombres no les gusta que sus parejas trabajen”, dice. La terapia que recibió le ayudó: “Pude volver a empezar, ver los años que se han ido y reconstruirme”.

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Samantha Páez, GPJ México

Mariela González, de frente, lidera a las integrantes de la organización Chicas de la 14 que exigen respeto a los derechos humanos de las trabajadoras sexuales el Día Internacional de la Mujer.

Otra trabajadora sexual, quien pidió ser identificada como D., dice que son necesarios los servicios de salud que les ha acercado Chicas de la 14 “porque hay tratamientos médicos muy caros”. Además, señala que antes de las gestiones de la organización, cada quien se hacía sus análisis clínicos como podía. “Ahora es cada mes que nos estamos checando”. También recibe los medicamentos que necesita en cada consulta.

La asistencia médica que gestiona Chicas de la 14 no se queda en análisis clínicos y consultas médicas. González logró un convenio con un médico particular que ayuda con internamientos. Lo utilizaron con una compañera quien inició labor de parto en la calle. En estos casos, los gastos los cubren entre todas. Cuando se enfrentan a enfermedades graves, como el cáncer, el SMDIF canaliza a las trabajadoras sexuales al Hospital de la Mujer, una entidad pública, para que reciban su tratamiento.

“Si una se siente mal, nos vamos ayudando”, dice D., quien ha tomado los cursos de primeros auxilios que organiza Chicas de la 14. Además de los servicios de salud, las trabajadoras sexuales reciben asesorías legales, paquetes de alimentos o apoyos en casos de defunción de familiares, así como talleres vocacionales gratuitos.

Antes de entrar a su consulta, Nahomi dice que se siente empoderada tras sumarse a Chicas de la 14. “A veces te sientes chiquita, pero nos han explicado que el trabajo sexual es un trabajo común y corriente”, dice. “Empiezas a cuidarte a ti misma de cosas que antes no te cuidabas”. La organización les abrió a ella y sus compañeras las puertas a la salud, dice, pero no solo eso: “Nos ha enseñado a defendernos”.

Samantha Páez es reportera fellow de Global Press Journal radicada en México.