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En México, el coronavirus agrava los peligros para los niños y las niñas que trabajan

Los niños y las niñas siguen trabajando en las calles de San Cristóbal de Las Casas, aun cuando el turismo se esfuma y la pandemia es una amenaza. Esto les expone a un virus que puede llegar a ser mortal. Pero si permanecen en casa, las dificultades que sus familias enfrentan podrían ser peores.

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Coronavirus Compounds Dangers for Child Workers

Marissa Revilla, GPJ México

Las hermanas Sandy y Alejandra Guzmán Vázquez, de 9 y 11 años, venden pulseras y corazones de fieltro bordados a turistas en el centro de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas para ayudar a su familia. Ellas saben muy poco del coronavirus, lo que las hace especialmente vulnerables.

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, MÉXICO — Las calles casi vacías de San Cristóbal de Las Casas representan una doble amenaza para Sandy y Alejandra Guzmán Vázquez.

Sandy tiene 9 años y Alejandra, 11. Tímidas e inseparables, estas hermanas enfrentan los peligros de trabajar en el centro solas todos los días, mientras venden corazones de fieltro bordados y pulseras tejidas que hace su madre.

Además, deben proteger su salud. Aunque las escuelas y los negocios están cerrados y el gobierno mexicano estableció restricciones por el coronavirus, las niñas deben trabajar para ayudar a su familia. En las vacaciones escolares, ganaban hasta 500 pesos ($23) al día. Ahora se van a casa cada noche con muy poco o nada de dinero.

“Se está yendo la gente por ese coronavirus que dicen y casi no vendemos nada”, explica Sandy.

En México, cientos de miles de niños, niñas y adolescentes que trabajan se encuentran en un dilema parecido: al trabajar, se exponen al virus, potencialmente mortal. Pero si se quedan en casa, es probable que las dificultades de sus familias empeoren, ya que el coronavirus ha paralizado la economía mexicana.

Antes de la crisis del coronavirus, alrededor de 197,000 niños, niñas y adolescentes ya pertenecían a la fuerza laboral de Chiapas, el estado más meridional de México y uno de los más pobres. La mayoría trabaja para aumentar los ingresos de su familia.

El trabajo infantil en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, atrajo la atención del mundo entero a finales de julio, luego de que la policía encontrara una casa con 23 menores de edad a quienes presuntamente se les había forzado a vender artesanías en el centro de la ciudad.

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Marissa Revilla, GPJ México

En un puesto del Mercado de Santo Domingo, Amairani Guadalupe Penagos Santiago y su abuela, Eli, usan gel antibacterial y se lavan las manos con frecuencia.

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo señala que es muy probable que la pandemia del coronavirus agrave las causas raíz del trabajo infantil (la pobreza y la falta de oportunidades económicas), lo que obligará a más gente joven a trabajar en todo el mundo.

“La crisis económica y social afectará con más fuerza a los niños y niñas en particular”, según el informe.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, más de la mitad de los niños y las niñas de México viven en la pobreza. En Chiapas, la cifra aumenta a 80% – la más alta de los 31 estados de México.

Y el coronavirus puede intensificar la pobreza. Una encuesta del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, conocido como UNICEF, encontró que, entre febrero y mayo de este año, el ingreso de los hogares mexicanos con niños, niñas y adolescentes cayó un 73.5%.

Estas son noticias inquietantes para San Cristóbal de Las Casas, un popular destino turístico famoso por su colorida arquitectura colonial, su vasta cultura indígena, sus paisajes frondosos y sus animados mercados de textiles y de arte.

En tiempos normales, la ciudad calculaba que 3,400 niños, niñas y adolescentes pasaban sus días trabajando entre turistas. Ahora, esas personas ya no visitan la zona, pero los niños y las niñas siguen ahí.

Como Sandy y Alejandra, un gran número de menores de edad cuenta con muy poca o ninguna información sobre el coronavirus. Los niños y las niñas que trabajan deben cuidar su seguridad en las calles solitarias, pero sin conocimiento del virus, son incluso más vulnerables.

Amairani Guadalupe Penagos Santiago, de 12 años, atiende con su abuela a clientes que compran churros, papas y plátanos en el antes concurrido Mercado de Santo Domingo.

“No hay venta, a veces venimos, a veces no, porque no hay casi nada de gente”, expresa Amairani. “Nos lavamos las manos y tenemos gel antibacterial. De por sí nos las lavamos porque servimos comida”.

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Marissa Revilla, GPJ México

Amairani Guadalupe Penagos Santiago, de 12 años, pasa sus días con su abuela vendiendo botanas fritas en el Mercado de Santo Domingo. Su abuela, Eli, dice que, a pesar de la crisis del coronavirus, deben trabajar en el mercado porque es la única fuente de ingresos de la familia.

Durante la pandemia, diversos grupos y organismos se han unido para proteger a los niños y las niñas que trabajan. Entre ellos se encuentran Melel Xojobal, una organización para los derechos infantiles; la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), un organismo de protección infantil; y la Defensoría Municipal de Derechos Humanos de San Cristóbal de Las Casas.

La organización no gubernamental Cántaro Azul, que se dedica a temas de agua, higiene y saneamiento, se asoció con el municipio para crear estaciones de lavado de manos.

Las autoridades recopilan información de los niños y las niñas que usan las estaciones. Con esos datos, SIPINNA colabora con el municipio para llevar comida a las familias, para que así no tengan que salir de casa tan seguido.

Los equipos de salud municipal también distribuyen cubrebocas en mercados y en otros sitios de comercio informal.

Liliana Bellato, responsable de la Defensoría Municipal de Derechos Humanos de San Cristóbal de Las Casas, dice que los niños y las niñas tienen algo de información sobre el coronavirus, pero que necesitan más.

“No es suficiente repartir volantes”, explica Bellato.

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Al 16 de octubre, San Cristóbal de Las Casas tenía 391 casos confirmados de COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus, incluidos al menos cinco casos de menores entre 5 y 19 años de edad.

Una funcionaria local cuenta que representantes del gobierno se han reunido con los niños y las niñas que trabajan, les han proporcionado alimentos y han tratado de evitar que se contagien y propaguen la enfermedad.

“Es algo penoso que con esta pandemia tengan que estar fuera porque son vulnerables ante cualquier situación”, dice Nuria Marissa Ramos Cruz, abogada municipal de la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños, Adolescentes y la Familia, parte del sistema estatal de Desarrollo Integral de la Familia.

Amairani vive con su madre y su abuela, Eli. La venta de botanas fritas es la única fuente de ingresos de su familia.

Por lo general, los productos se venden a 20 pesos ($.90). “Pero ahora los tengo que dar a 10 ($.45)”, dice Eli.

Antes de la pandemia, Amairani asistía a la escuela, luego iba al Mercado de Santo Domingo con su abuela. Por lo general, trabajaba de 3:30 p.m. a 8:00 p.m.

Ahora está al lado de su abuela todo el día. Cuando alguien pide churros, ella le pregunta si los quiere con chocolate o con lechera. Y si un cliente quiere papas, le ofrece salsa.

“Lo de la cuarentena me afecta en la escuela. Ya perdimos muchas clases y en el trabajo”, puntualiza Amairani, y agrega: “Yo digo que no es necesario que nos espantemos, sino que estemos en casa”.

Marissa Revilla es una reportera de Global Press Journal que vive en San Cristóbal de Las Casas, México. Marissa se especializa en historias sobre los derechos de la infancia y los conflictos de las comunidades indígenas en Chiapas.


NOTA SOBRE LA TRADUCCIÓN

Aída Carrazco, GPJ, adaptó este artículo de su versión en inglés. Haga clic para obtener más información sobre nuestro proceso de traducción.