Argentina

Una hora en Buenos Aires: Un parque temático deleita al mezclar lo moderno y lo medieval

Campanópolis está ubicado a tan solo 40 kilómetros del bullicioso centro de la ciudad de Buenos Aires, la capital de Argentina. Pero, al dar su primer paso dentro del parque, sus visitantes son transportados a un mundo excéntrico en el que lo medieval coexiste junto a lo nostálgico y en el que edificios a medio terminar sirven como monumentos a la memoria del enigmático fundador y diseñador del parque.

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Buenos Aires Theme Park Delights by Mixing Modern and Medieval

Lucila Pellettieri, GPJ Argentina

Silvia Trachevsky (a la izquierda) y Marcelo Ruiz personifican a aldeanos medievales en el ecléctico parque temático de Campanópolis en la Provincia de Buenos Aires. Una de las actividades más populares entre los visitantes del parque es ir al cepo, un aparato usado en la Europa medieval para torturar o humillar públicamente.

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GONZÁLEZ CATÁN, ARGENTINA – Lo normal no tiene lugar en Campanópolis, un agradable, ecléctico y curioso parque temático medieval en la Provincia de Buenos Aires. Algunos de los techos de los edificios de este parque de 20 hectáreas (50 acres) están hechos de puertas de todas las formas y materiales. Hay toldos que cubren los interiores de otras habitaciones. Hay decenas de ventanas dentro de algunas habitaciones, todas diferentes de las demás. Y entre sí, forman un extraño collage.

Adoquines, esculturas de hierro y fuentes de mármol comparten las calles con semáforos (que no dirigen el tráfico). Algunos actores haciéndose pasar por aldeanos medievales te saludan.

Este inusual lugar está lleno de fantasía. Perderse en el parque es parte de la diversión.

Hay más de 40 edificios y museos para mantener a los visitantes llenos de curiosidad y entretenidos durante su visita. La arquitectura y los estilos artísticos medievales abundan. Hay edificios góticos imponentes y altos que se extienden hacia el cielo y que están adornados con arcos puntiagudos. Hay vitrales de personajes religiosos que dejan pasar la luz hacia las habitaciones.

Pero el parque también está lleno de detalles modernos, que seguramente causarán tanta nostalgia como sorpresa. Los visitantes podrían toparse con objetos que recuerdan de su juventud, como jarras del lechero, en un contexto nunca antes visto.

“Es insólito este lugar, no creo que haya dos iguales”, dice Patricia Praino, una visitante. “Es bello de una manera extraña”.

El parque te hace ir a mundos fantásticos.

“Está buenísimo el lugar”, dice Darío Sampietro, otro visitante. “Hoy en día, con todo el tema de las series y las películas situadas en la Edad Media, te conecta con todo eso”.

El cepo, una de las atracciones principales, está ubicado en medio de la plaza. Ahí, dos actores personifican a una pareja de la Edad Media e invitan a los turistas a poner su cabeza y sus manos. Imagínense lo que es vivir, por unos segundos, una humillación pública frente a tu comunidad medieval.

Aunque la ropa de los actores es una reproducción de las vestimentas típicas medievales tanto en su color como en sus materiales, según Silvia Trachevsky, quien personifica a una damisela, no puede decirse lo mismo de Campanópolis, donde la presencia de elementos modernos lo diferencia de una aldea medieval.

“No hay lugar donde nos pongamos para hacer la foto que no haya un reloj o un semáforo de fondo. Nosotros encajamos porque lo hacemos chistosamente también”, dice Marcelo Ruiz, quien personifica a un caballero.

Esta gran aldea es la creación de Antonio Campana. Después de haber sido diagnosticado con cáncer en la garganta en 1987, este emprendedor decidió dedicar sus últimos años a construir la aldea.

Campana no era un arquitecto, pero los admiraba profundamente, dice Sergio Oliva, un guía de Campanópolis. También era un ávido participante de subastas y a lo largo de varios años compró ventanas, columnas, puertas y otros artículos que quedaban después de demoliciones locales.

“Campana fue un gran reciclador y acumulador. Agarraba un papel, dibujaba algo y se lo pasaba al arquitecto para que lo hicieran”, dice Oliva, “A veces paraba la construcción hasta encontrar la puerta o ventana que él quería o había imaginado”.

Otras veces, Campana diseñaba una casa a partir de una columna, un domo, o una ventana que había comprado, dice Daysi Morales, otra guía de Campanópolis.

“A Campana le gustaba jugar con la combinación de los elementos”, dice Morales.

Campana comenzó a construir poco después de haber sido diagnosticado. Murió en 2008 a los 75 años. Sus hijos ahora dirigen el emprendimiento, dice Morales.

Entre las creaciones de Campana están la Casa Proa de Barco, que simula una embarcación, 12 casas en el bosque, un molino, una capilla colonial, dos pequeños pasajes y cuatro “museos” (el Museo de las Rejas o Ferroteca, el Museo de Madera o Palitos, el Museo de los Caireles y el Museo Don Antonio).

Estos museos tampoco son convencionales, dice Morales. Se asemejan más a una colección de antigüedades, organizadas según tipo y material.

“Él vio belleza en formas inusuales”, dice Praino, la visitante.

Otra cosa sorprendente sobre el lugar es que hay estructuras sin terminar. Campana dejó varios edificios sin terminar que sus hijos decidieron dejar así por respeto a la memoria de su padre, dice Morales. Además, el emprendedor no dejó planos o bosquejos que explicaran cómo deberían verse los edificios a medio terminar.

“Él le iba dando indicaciones a los arquitectos a medida que avanzaba la obra, por lo que nadie sabía cómo iba a terminar una construcción”, dice Morales. “Estaba sólo en su cabeza”.

El personal de Campanópolis dice que Campana planeaba construir vías carreteras y una estación para poder recorrer todo el terreno en tren. Dejó una locomotora con vagones y los cimientos de un andén.

Sergio Oliva cree que Campana no había concebido una forma final para darle a su proyecto antes de morir.

“Si este hombre vivía cien años más iba a estar esos cien años construyendo”, dice Oliva.

 

VISITA CAMPANÓPOLIS

La entrada a la aldea está en Bariloche 7200, González Catán, Provincia de Buenos Aires. Está ubicada a 40 kilómetros del centro de la ciudad de Buenos Aires. Se puede llegar en taxi o en automóvil. También hay un helipuerto dentro del terreno. Para averiguar más sobre las opciones de transporte, lee aquí: http://campanopolis.com.ar/como-llegar/

Campanópolis está abierto los sábados de 9 a.m. a 1 p.m., hora local. El valor de la admisión varía y las entradas sólo pueden ser compradas en la página web del parque.

Además de ofrecer tours, el lugar puede ser alquilado para actividades como sesiones de fotografía, o grabaciones. Para más información sobre Campanópolis, visita su página: http://www.campanopolis.com.ar/

Pablo Medina Uribe, GPJ, adaptó este artículo de su versión en inglés.